jueves, 16 de diciembre de 2010

"ctrl + x"

Ante el brote excesivo de sangre que emanaba de la herida fresca, luego de poner el dedo bajo el chorro de agua y levantar la mano para cortar la circulación, optó por la solución más inmediata: una Curita. Anduvo perfecto el resto del día, pero a medida que pasaban las horas comenzó a picarle mucho. Se preguntó cuál hubiera sido la mejor forma de encarar el problema. Pensándolo bien, ni siquiera había usado jabón para limpiar el área expuesta, quizás podría haber ido a una guardia de hospital, esperar a que le hagan una curación. Tal vez limpiarse bien y dejar la herida al aire libre o ponerse un poco de desinfectante. Enseguida se alienó con trabajo y dejó de lado el auto reproche. Así pasaron varias horas.

Ya en su casa, a punto de cenar, notó que le costaba agarrar bien el tenedor producto de la hinchazón. Pero aún cuando a esta altura la molestia era más que significativa, consideró que no eran horas para salir hacia la clínica, no hacía falta preocupar a nadie. Asumió que si tomaba un analgésico y lograba dormir bien, mejoraría y la herida iría cerrándose hacia la madrugada. Esa noche no pudo pegar un ojo. Al acostarse el dolor se hizo evidente. Sentía el latido del dedo afiebrado, acompañado por puntadas de un dolor agudo. Dolor que comenzaba a viajar en sentido retrógrado, abarcando minuto a minuto un milímetro más de brazo, era como si la herida se estuviera propagando exponencialmente.

Por la mañana el dolor se extendía a lo largo del brazo, ya había perdido sensibilidad en el dedo. Salió de su casa pasado de sueño, de dolor y de furia. No podía hacerse un momento para pasar por el médico. Si no llegaba a horario perdería el premio por presentismo y contaba con ese dinero para llegar a fin de mes. Decidió tomar un taxi ya que en el estado en el que se encontraba era imposible manejar el auto. Llegó a la oficina y se instaló en su escritorio frente a la interminable parva de documentos, colocados prolijamente al lado de su computadora. Encendió la máquina y se encontró con cientos de correos electrónicos reclamando trabajo pendiente. Necesitaba ponerse al día con todo aquello, pero el dolor ya no lo dejaba pensar, era insoportable. Intentó concentrarse, no podía escribir bien, debía editar unos documentos y el cut & paste parecía ser su única salvación. Durante horas se lo pasó escribiendo con una mano, cortando y pegando, intentando no pensar en el dolor. Aún así la monotonía familiar no era suficiente para contrarrestar el cada vez más intenso problema. Por más que se lo propuso no consiguió aislar la mente del cuerpo.

Para la hora del almuerzo solamente pensaba en el dolor, en cortar y en pegar frases, palabras, caracteres, letras cortar y pegar cortar una frase. Por qué no, también el dedo. Así fue que se implantó la idea. Era obvio que estaba totalmente infectado, ya no tenía sensibilidad, no le pareció tan desquiciado pensar en cortarlo. Si buscaba una forma de congelarlo, al menos hasta salir del trabajo, podría ir directo al hospital donde se lo volverían a pegar sin problemas. Debía apurarse porque era imperativo hacerlo antes de que el receso terminara. Se dirigió hacia la heladera y se aseguró de que hubiera hielo en el freezer. Tenía una bolsa plástica con cierre hermético que serviría para guardar el dedo por unas horas. Tomó un cuchillo de un cajón de la cocina y se encerró en el baño, lavó con mucha agua y jabón sus manos y el cuchillo. Utilizó alcohol en gel para esterilizarlo y con un encendedor intentó flamearlo, aunque no obtuvo el mismo efecto que con alcohol puro. No podía perder más tiempo. Tenía que retomar el trabajo, así que mordió la toalla de mano, juntó fuerzas, respiró hondo y de un corte limpio se desprendió de su dedo. Sintió un alivio instantáneo. Tomó unas gasas del botiquín de primeros auxilios que le sirvieron para enrollarse la mano y detener un poco la hemorragia. Luego guardó el dedo en la bolsa con hielo y puso todo dentro del freezer. Con una sonrisa y la falsa sensación de paz se dirigió a su escritorio esperando que el dolor comenzara a disminuir. Continuó escribiendo con una mano, cortando, pegando, cortando, pegando, cortando, pegando. No tardó mucho tiempo en entender que el dolor ya se había diseminado, era inútil, estaba todo tomado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay! te odio! jejej

Hace una semana o más que tengo dando vuelta por la cabeza una historia y había pensado en titularla CTRL+X !!!

Telepatía, alineamiento de planetas?... nah, los 2 sabemos que es simplemente azar, no hay tal cosa como el destino.

O sí?

Sigo enroscándome en tus escritos, los leo, los releo, me imagino las situaciones, veo las caras de lxs protagonistas y hasta, a veces, planteo finales alternativos.

Deberías pensar en editar independientemente alguna vez. Deberías.

Beso.

:)

Incógnita dijo...

Gracias Abelito! Che, te juro que no anduve por tu cabeza, fue coinidencia!!! La verdad que a medida que pasa el tiempo creo en menos cosas, en el destino ya no creo.
Lo de la edición, si querés, ya que te robé el título, pensate otros finales y hacemos algo juntos!

Beso :)