Desde el otro lado del mundo - si
es que en verdad el mundo tiene distintos “lados”- vengo a relatar brevemente
los hechos que me han traído hasta aquí, la he inexplotada… perdón, INEXPLORADA
tierra de Papua Nueva Guinea.
Resulta que una combinación de
una ruptura de pareja de esas que te marcan, una reevaluación de quiénes son
amigos de verdad, la realidad de entenderse mortal y la pérdida de alguien
querido me llevaron a sellar definitivamente mi vocación dentro de las Ciencias
Biológicas hacia las Ciencias Médicas, más específicamente hacia la “Inmunología”.
Por supuesto nada nunca hubiese
sido posible sin mis pilares incondicionales, mis viejos y mi hermana; lo
aclaro por las dudas, para que nadie se sienta dejado afuera de la historia,
aunque este es un relato del día del amigo.
Volviendo al eje, muy difícil el
camino que elegí, lleno de retos, de desafíos, de poca plata, de muchas
personas de baja calaña y de decisiones imposibles. A pesar de todo logré mi
primera parada y me doctoré.
Un año me llevó decidir y
embarcarme, un año en el que me reencontré con mi amor, volví a reevaluar quiénes
son amigos de verdad, me recordé que soy mortal y comprobé que tengo muchos
seres queridos que me apoyan, me incentivan y creen en mí.
El
día del amigo se festeja en el aniversario del día en el que un representante de
nuestra especie pisó por primera vez la luna. A nosotros en el sur no nos
importa cuál fue su bandera ni cuáles los intereses políticos. A nosotros en el
sur nos importa que fue un logro de la especie, una hazaña que se llevó a cabo
en equipo y que resultó de la colaboración y la coordinación de muchas otras
personas.
Hoy
es el día en el que saludo a todos aquellos que entienden el valor de la
tolerancia, la pasión, el bien común y que solos no somos nada, pero en equipo
somos interestelares.
Los espero en la siguiente parada.
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