jueves, 1 de julio de 2010

Irónicamente

Eran las 17:23 de la tarde de un miércoles más del año. Ella salió apurada del trabajo, extremadamente conciente de que tenía que extraer plata del cajero para pagar la sesión de terapia a la que estaba llegando con el tiempo justo. Debía apurarse porque si perdía el colectivo de las 17:30 estaba liquidada; conocía muy bien la dinámica de la línea 128. De modo que entró rápidamente al banco, operó en el cajero automático a la velocidad de la luz: clave, extracción de cuenta sueldo/caja de ahorro, especificó el monto, últimos 3 números del DNI y listo, ahora todo depende de la velocidad de la máquina. Sacó el billete de $100, y fue en ese momento en que involuntariamente se dio vuelta para ver sobre su hombro derecho hacia la esquina. En ese mismo instante estaba llegando el colectivo a la parada. Y como si las fuerzas del universo estuvieran a favor de que llegara en horario a su cita, el semáforo se puso en rojo automáticamente, dándole así la chance de cruzar la calle, a su vez, la cola de gente esperando era lo suficientemente larga como para que al pisar el cordón y avanzar hacia el colectivo ella fuera justo la siguiente (y última) en subirse. No contento con todas estas bondades, el universo también se encargó de que quedara el último lugar libre en todo el vehículo, sólo para ella, el asiento que hubiera elegido de haber tenido todos los asientos a su disposición. Evidentemente tenía que tomar ese colectivo. Durante el viaje aprovechó para escuchar ese programa de radio que nunca engancha porque a esa hora siempre está ocupada…
La gente la observaba extrañada, no podía evitar reírse a carcajadas de los delirantes comentarios de la Negra Vernaci y Humberto Tortonese que criticaban a Luciana Salazar por su ridículo dilema con un tratamiento odontológico con el cuál no quedó contenta. Una pequeña dosis de banalidades. Lo cierto es que durante la tarde había estado al borde del llanto, a punto de quebrarse y necesitaba reír un poco. Hace un tiempo que no puede seguir negando la realidad que la rodea, ya no puede seguir escondiéndose detrás de una fantasía. Y cómo todo lo que uno aprende a querer, cuando llega a su punto máximo, sólo le queda morir. Es difícil llevar el duelo de algo tan grande y a su vez tan ficticio. Una ironía, una inconsistencia, un inexplicable desvío. Una distracción más, irresistible y muy eficaz.
Se bajó del colectivo y nuevamente el semáforo estuvo de su lado, llegó así a las 18:00 en punto. Cada sesión que pasa se desprende más de la fantasía y le gusta creer que va agarrándose en igual magnitud (pero inversa) de lo real. Así transcurrió la hora, salió, cómo de costumbre aliviada, pero con los ojos llorosos.
Esa noche reflexionó acerca de lo ocurrido esa tarde, las casualidades siempre estaban a la orden del día.
Por la mañana salió pensando, entre otras cosas, que debía sacar plata nuevamente del cajero, era una de esas semanas en las que podía llevar trabajo a casa, con lo cuál planeaba comenzar su fin de semana antes, faltando el viernes. Fue entonces que se dio cuenta de que no recordaba haber sacado la tarjeta del cajero. O quizás la sacó y se le cayó… lo cierto es que el colectivo había captado toda su atención y no podía recordar qué había hecho exactamente. Preocupada se dirigió al banco, con la esperanza de que aquel que ayer parecía ser el cajero automático más lento del mundo, hubiera sido lo suficientemente rápido para chupar la tarjeta antes de que alguien malintencionado entrara detrás de ella y le robara los $900 que restaban por sacar.
Luego de tener la mala suerte de ir a parar al escritorio del empleado más perverso, maleducado y soberbio del banco, supo que hasta el día siguiente no había nada que hacer. Hasta esa tarde no se abrirían los cajeros automáticos, con lo cuál nadie sabía si finalmente la tarjeta había sido merendada por la aletargada máquina o no. Sólo quedaba revisar el saldo de la cuenta. Por suerte el joven muchacho encargado de realizar este trabajo no resultó ser ni perverso, ni maleducado, ni soberbio. La saludó gentilmente, le regaló una sonrisa y le dijo: “qué coincidencia, tenemos el mismo apellido” a lo que ella contestó, “seremos primos lejanos” y él inocentemente remató, “seguro, nuestro origen fue en España”. No sabía si reírse o llorar, no soportaba más coincidencias. Lo cierto es que él era muy agradable y se notaba que estaba interesado en ella, intentaba sacarle conversación y retenerla dándole información innecesaria y haciéndole preguntas; y quizás en otras circunstancias ella hubiera preguntado su nombre, le hubiera devuelto la sonrisa y hasta continuado la charla. Pero no pudo, simplemente estaba en shock. Finalmente nadie había tocado su cuenta, pero eso ya no le importaba.
Quién sabe que coincidencia le depare el día siguiente cuando tenga que ir a recuperar su tarjeta, enojada por no poder quedarse mañana trabajando en casa; preguntándose cuál era el fin último del universo: el colectivo, conocer a su primo lejano, o lo que le espera, inesperadamente, el viernes.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

el gran problema del ateo.... sabemos que no hay plan divino ni un dios q tira los dados... pero a veces tantas coincidencias nos hacen dudar y pensamos que las casualidades capaz no existen.

que las cosas pasan por algo..

a mí me gustaría creer que si bien no hay un plan predeterminado para cada persona, sí es importante la energía interna que le ponemos a nuestras acciones, y que esa energía se interrelaciona con la de otras personas, sin que nuestro primitivo cerebro de cuenta de eso..

entre eso y la química que hay entre 2 personas... está casi todo explicado..

y sin embargo, como humanos, nos encanta seguir pensando en un destino.

somos seres básicos y complicados al mismo tiempo.

he dicho.

Incógnita dijo...

Las coincidencias siempre están si estamos buscándolas...
Si las vemos, es porque las queremos ahí.

V^^^V dijo...

“I seldom end up where I wanted to go, but almost always end up where I need to be.”
~De una buena peli.

hernancito dijo...

Donde fuiste de vacaciones? A Brasil?? Poné fotos please

Incógnita dijo...

V^^^V: justa frase para este justo momento! Thx!



Her: No me fui de vacaciones este año... tenía pensado irme a Australia pero se me pinchó el viaje a último momento!!

A España iría, pero bueno... mejor no, no??

sigo esperando a ver cuando y cómo ;)