Irreplaceable. Any pathetic attempt to do so just enhances the sadness that fills the evident void that was left behind.
No entendía por qué (a veces) en sueños le salían frases en inglés. En realidad no quería verlo pero, muy frecuentemente en su vida cotidiana, soltaba en este idioma alguna cosilla de todo lo que no se atrevía a decir; como si dicho en esta “forma” no tuviera la misma fuerza que en la lengua materna. Para su conciencia era casi como no decirlo, que en apariencia era como no sentirlo. Pero por más inglés que le aplicara, este sentimiento no podía mitigarlo más, ni estaba tranquila en lo absoluto la conciencia.
Se levantó de la cama empapado de transpiración y se dirigió a la ducha pensando en ella, traduciéndose a si mismo – Irremplazable. Cualquier intento patético de hacerlo realza torpemente la tristeza que llena el vacío evidente que guarda su forma – y agregó al tren de pensamiento – Un molde de yeso único, hecho con tan exacta precisión que cada detalle quedaba celosamente impregnado en la memoria de la textura. Cada imperfección, cada palabra y muy a su pesar, cada sentimiento. Una máscara que nadie más podrá usar jamás –. En español era mucho más claro el concepto.
Esta certeza era lo que lo arrastraba hasta el pozo depresivo más profundo, aplastado en el fondo de su verdadero ser. Le sobraban motivos para estar preocupado. Miles de problemas se sucedían a diario y sin embargo, resbalaban como las gotas de agua tibia que lo rechazaban hidrofóbicamente, incapaces de lavar esta locura de su cuerpo. La sola idea de encarar esa vida que había planificado tan meticulosamente (y que tanto defendía) sin la dosis mínima necesaria, sin estímulo mental, lo hacia sentir en su pecho una sensación de asfixia, de ahogo, de desamparo total. Lo más trágico de todo es que por más que quisiera, no tenía con quién hablarlo. Ella era la única persona capaz de entenderlo naturalmente y había elegido meterla a la fuerza adentro del freezer - que estaba ya al tope - bien atrás de todo. Pero estaba congelada al fin.
Establecido el orden de las cosas, estando el mundo nuevamente en su lugar, el que sentía estar ahora out of tune era él. De alguna forma ya no nadaba como pez en el agua, o el estanque le quedaba chico, incómodo, quizás ya no era un pez. No lo tenía muy claro. Ciertamente no se sentía él mismo. El plan era volver a la rutina con la esperanza de que el tiempo diluyera el sabor amargo que le dejaba todo aquello. Quizás pudiera compensar la falta con algo nuevo. Le resultaba más sencillo pensar en los parches que podría articular para tapar los agujeros de esa vida “moderadamente perfecta” a la que tanto se aferraba, que desestimarla frente a la contundente evidencia de que ya no le servía. No admitía que no le servía. La paradoja de estar luchando por salvar todo aquello de lo que en realidad estaba huyendo. Corriente y contracorriente lo estancaban inequívocamente en la parálisis dinámica del equilibrio. Una sentencia, una certeza, una fijeza implacables. Terror absoluto.
Preso de su estructura salió de la ducha, se dirigió a la habitación donde inevitablemente lo esperaba el traje que lo esclavizaba. Listo para partir hacia la oficina, besó a su mujer, se metió en el auto y comenzó un nuevo año de éxito laboral, ignorando el olor cadavérico que emanaba del freezer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario