Y qué perfecta. Inmaculada, redondísima, circular, la maldición del círculo de Platón instalada en el inconciente colectivo. Es difícil adolecer, es jodido abandonar el mundo ideal. Se entiende por qué es tan atractiva, tan inevitablemente adictiva la imagen; después de todo engancharse en la fantasía puede ser placentero. La fantasía seduce por absoluta, parasita la lógica racional, parece eterna e invariable; atemporal, etérea, pero nada de eso puede contra el implacable mundo sensorial. La realidad empieza a chorrearse por los costados, rebalsa, ataca con toda su fuerza y se impone de la forma más cruel; y es difícil estar en el borde, hay que decidir si se está del lado del dolor, o si se está del lado del placer; después de todo en el límite son una misma cosa. Pero este universo es el de los imperfectos, la idealidad vive en otro universo y no se toca con el nuestro; es una inalcanzable construcción abstracta y lo que menos tiene es correspondencia inequívoca con la realidad. Caminando por la cornisa, espero caerme del lado de la tristeza y despertarme de esta fantasía; de esta pesadilla que ahora se me vuelve en contra y me persigue; así descaradamente “des – carada”, me corre si me doy vuelta y escapo, pero si la enfrento me da la espalda. Esto aprendí de la sombra: es una triste proyección mía, y nada más.
Lo único real es lo que queda: la cobardía, el egoísmo y la crueldad; todo lo bueno salió de la fantasía, me lo llevo; y por eso te aterra, porque debe ser insoportable cada mañana levantarse amargado y aburrido de uno mismo, de esa que circunstancialmente tenés al lado; debe ser terrible carecer de pulsión.
1 comentario:
Te sigo *.*
un beso !
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