Abrí la canilla y puse la cacerola debajo del chorro. Inmediatamente noté cierta pesadez en el agua. Caía con una densidad extraña, más espesa que de costumbre, me hipnotizaba. Era como si se negara a quedar estancada dentro de la olla. Iba hasta el fondo y a los segundos de entrar en contacto con el metal, volvía sobre sus pasos, en contra de la gravedad. Supongo que intuía que su destino era hervirse. Cambiar de estado puede asustar a cualquier molécula. Es la resistencia lógica al cambio, ¿para qué llegar al punto de ebullición, vencer las presiones del ambiente, romper los enlaces moleculares y salir volando? Da miedo evaporarse.
― ¡Mamá!
― ¿Qué?
― ¡Tengo hambre! ¿Falta mucho para la cena?
― No, no, en diez minutos está lista. Andá a buscar a tu hermano para poner la mesa.
1 comentario:
:) Breve y bueno
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