jueves, 29 de septiembre de 2011

Debilidades

Parecía ser de mente abierta. Cuando le dije que mi debilidad eran los jueguitos de computadora, en especial el Bulletstorm, se lo tomó de la forma más natural; incluso me dijo “Con las debilidades de la gente no se jode. Las debilidades son sagradas: no se cuestionan, no se critican, ni se negocian. El que te quiere, tiene que quererte también por tus debilidades”. Ni bien escuché semejante frase creí que finalmente me encontraba frente a una mujer fantástica, quizás la mujer de mi vida. Aunque confieso que me intrigó saber cuál era su debilidad. La gente que comprende tanto algunas cosas es porque necesita ser “comprendida” en la misma medida. La apertura mental es directamente proporcional a la necesidad de dilución. Me explico, por ejemplo: si yo tengo una obsesión enfermiza por los juegos de computación y quiero continuar disfrutando de los mismos, necesito estar con una mujer que comparta la misma obsesión, o que tenga una “debilidad” que esté a la altura de la mía. Si yo la tolero a ella, ella me tolera a mí. Por supuesto debe cumplir con el resto de los requisitos mínimos; como ser hermosa, inteligente, trabajadora y que le guste atenderme. ¿Qué esconderá? Algo hizo que se le abriera el último botón de la camisa espontáneamente, dejándome ver un poco más. Decidí invitarla a salir.

Pasé a buscarla en hora. Ella me esperaba en la puerta, arreglada, hermosa y bien dispuesta. Durante la cena, todo fluyó perfectamente; esta chica me gustaba mucho. Al finalizar la velada, esperaba con ansias que me invitara a tomar un café y termináramos a enroscados en su sofá. Me imaginaba metiendo las manos por debajo de aquel vestidito rosa tan virginal que llevaba puesto. Llegando a su casa me dijo que se había divertido mucho y me concedió el deseo de acompañarla un poco más. Acepté. Bajé del auto, cerré la puerta y la seguí por los escalones que nos llevaban hacia la entrada principal. Ella tomó las llaves para abrir la puerta, yo quedé detrás suyo, muy cerca, casi rozándola en ese momento me distraje pensando en cómo besarla ni bien se diera vuelta ­― terminó de abrir, y avanzó sobre mí sin vacilar. Mientras se trepaba, me mordía y me besaba de forma animal ― esta mina es increíble ― pensé, mientras mis manos comenzaban la expedición debajo de su vestido.

― Está oscuro.

― ¿Qué?

Se alejó unos pasos y prendió la luz. Me cubrí del brillo repentino, pero cuando pude abrir los ojos, quedé encandilado. La pared, el sofá, la mesa, el mantel, las sillas, los cuadros, los adornos, el piso, la alfombra, las cortinas y el vestido. Todo era asquerosa e inaguantablemente rosa.



Gracias Mati :)

2 comentarios:

Ada dijo...

Muy muy difícil soportar esa debilidad...Me ha encantado!

RChS dijo...

Pues vaya debilidad, yo tampoco la soportaría.

Saludos,
RChS