Claro que nunca me sentí culpable. Siempre fui una víctima. El que elegía morir borracho cada noche, eras vos. Yo simplemente cargaba con los golpes, los maltratos y, sobre todo, con el olor a alcohol de quemar que te salía de los poros. Me aterrorizaba esperar a que llegaras. Luego descubrí que cuando te ibas acercando podía sentir el etanol concentrándose, paso a paso. Al principio el olor me revolvía el estómago. Luego lo tomé como señal de alarma; al percibirlo corría a encerrarme en el cuarto, a esperar a que se te pasara la borrachera. Finalmente me agoté.
Como dije, no me siento culpable. Después de todo, yo solo prendí el fósforo, vos te incendiaste solo.
2 comentarios:
Un pequeño e insignificante chispazo de inicio.
Chapeau!
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