― Matame. Por favor, te lo pido.
― ¿Qué?
― Matame.
― No puedo. ¿Por qué habría de matarte?
― Porque nada puede ser mejor o peor que ésto. Matame ahora.
― Estás loca. No puedo matarte.
― Pero si ya me estás matando lentamente… lo que te pido es que me salves de la agonía.
― Yo también me estoy muriendo lentamente, me muero con vos.
― Lo sé. Por eso. Al menos hacelo por mí. Por favor. Matame.
― No puedo hacerlo.
― ¿Por qué?
― Porque sos lo que me mantiene vivo.
― Pero mantenerte vivo a costas mía, a la larga, es matarme.
― A la larga. Eso significa que podría vivir un poco más.
― De lo que queda de mí energía, claro.
― Siento que tenga que ser así. Una vez que estaba acá, no pude hacer otra cosa.
― Cumplamos con mi sentencia ahora. Aceptemos nuestro destino.
― Ok. Te sentencio a que convivamos un tiempo más.
― No, por favor no.
― ¿Por qué no?
― Porque no puedo “vivir” así, teniéndote adentro mío. ¡Esto no es vivir!
― Yo tampoco puedo vivir sin estar adentro tuyo, o evitar lo que te causo; ni vos podés evitar lo que causas en mí.
― ¿Ves? Si nuestro destino es matarnos mutuamente. ¿Qué mejor que hacerlo lo más rápido e indoloro posible? Podemos pedirle a la enfermera más morfina.
― Ok. Dejá de tomar la quimio. Dame unos días que yo metastatizo en tiempo récord y hago el resto.
4 comentarios:
Y luego me reprochan que simplifico demasiado el trato humano.
Siempre sospeché que lo "simple" se construye a partir de una base muy compleja.
Saludos :)
Espero que esto sea pura ficción en tu vida. Me angustia.
Es una metáfora. Todos convivimos con aspectos propios que han sobrevivido por ser funcionales en ciertos momentos de nuestras vidas, pero que (a la larga) se nos pueden volver en contra. Algunos tenemos "algo" dentro que es parte de nosotros y que no podemos "matar" sin matarnos un poquito. Es angustiante... ¡seguro!
Saludos Ada
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