miércoles, 21 de septiembre de 2011

Modelos experimentales

― Bienvenida doctora.

― Gracias. ¿He llegado temprano?

― No, en absoluto. El señor Wang se demoró en una reunión, pero ya está bajando de su oficina. ¿Gusta tomar un café o un té?

― No, gracias.

― ¿Un vaso de agua?

― Está bien.

Me aburría la sala de conferencias color ocre. Me fastidiaba aquel ayudante instruido para lamerme el culo. Deseaba salir de allí desde el momento en que había entrado. Mi cabeza estaba, sencillamente, en otra dimensión. Todo me molestaba, luego de aquella noche. Esta era una reunión de trabajo sumamente importante, pero hoy no era yo misma; había quedado en estado de anergia. Me auto convocaba a la mesa, al trabajo, a la negociación. Solo conseguía reaccionar ante el recuerdo en carne, en crudo, en seco; de su boca, sus labios rozando los míos y enseguida mordernos.

― Hola doctora, lamento la tardanza. Un gusto volver a verla.

― Hola, un placer estar aquí.

Mordernos y lastimarnos de la desesperación. Me va recorriendo desde el cuello hacia mi pecho­. Siento un escalofrío que me trepa desde los pies a la cabeza. Me congelo por un instante.

― Disculpe, su agua. ¿Tiene frío? Podemos bajar el aire acondicionado.

― Un poco. Muchas Gracias.

Vuelvo en mí cuando siento la textura rugosa y cálida de su lengua acariciándome el pezón. Me estremezco de placer. Sé que no hay retorno.

― No demos más vueltas. Usted ha venido a hablar de cómo cerrar el negocio y yo estoy deseoso de escucharla.

― Agradezco la oportunidad. Usted ya sabe lo que nosotros hacemos en nuestros laboratorios. No hace falta que lo aburra con los detalles técnicos. La propuesta es la misma. Usted pone las condiciones de financiación y nosotros continuamos con los ensayos. Estoy dispuesta a llegar a un acuerdo.

Siento cómo apenas me engancha el pezón con la puntita de los dientes, mordiéndome otra vez, pero sin morderme, y me dejo caer sobre la cama porque lo único que quiero es que me arrebate por completo. Estoy entregada.

― Quisiera contratar un grupo de gente calificada para evaluar los detalles del proyecto. Una vez que se hayan revisado los protocolos y mis auditores den el ok, les daré los fondos que necesitan para continuar.

― Me parece justo. No veo por qué no pueda hacerse. Eso sí, debe ser con suma discreción. Es demasiado lo que está en juego. No queremos que estos datos caigan en manos equivocadas.

Su boca continúa el recorrido hacia abajo, antes de perderme de vista me mira y se ríe burlonamente, cree que finalmente me ha ganado. Al sentir su lengua húmeda recorriéndome, suavemente, en círculos, de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo. ¡Estallo!

― Sin dudas. Si vamos a poner nuestro capital queremos garantizar las ganancias. Quédese tranquila, nada de esto trascenderá.

― Confío en su palabra. Usted sabe que los experimentos han llegado a una fase avanzada. La tendencia en los resultados indica que podríamos estar ante un cambio de paradigma en la industria farmacéutica.

No importa cuántas veces haya estado en esta situación, nunca me sentí tan excitada, tan desbordada, tan viva y a la vez tan fuera de mí. Necesito tomar el control. Me levanto, giro y me subo encima de él. Le devuelvo la cortesía, hasta que no tolero más.

― Por favor. No nos precipitemos. Son varios meses de trabajo antes de llegar a alguna conclusión.

― Sí, aunque los experimentos son bastante sólidos.

“Cogeme” le ruego al oído. Me toma de la cintura y me pone de espaldas. No me resistí. Sin darme tregua sentí como avanzaba, resbalándose, golpeándome. Una ola de éxtasis me revolcó.

― No lo dudo. Vayamos a lo concreto. Junto con mis abogados hemos redactado un contrato. Aquí lo tiene, léalo bien antes de firmar.

― Sí… claro.

― ¿Se siente bien?

― Sí, no es nada, comí algo que me cayó mal y además está caluroso. Mala combinación.

― Muy mala. Hace calor ¿no? Subí devuelta el aire acondicionado querido. Doctora, ¿desea más agua?

― Por favor.

El goce era cada vez mayor, había perdido el control sobre mi cuerpo, mi mente ya no estaba ahí. Sentí que me tomaba nuevamente de la cintura. Me enderecé, me di vuelta y me senté sobre él. No iba a someterme. Estaba decidida a terminarlo.

― Dígame, ¿es prudente que en esta cláusula se especifique tanto?

― ¿En cuál?

― “Los resultados indicarían que los ratones son capaces de experimentar, vívidamente, estímulos a nivel del sistema nervioso central, análogos a una experiencia placentera, del tipo sexual. No se descarta la posibilidad de que pueda potenciar la sensación de placer, haciéndola mucho más contundente y duradera en el tiempo”.

Estoy a punto, no creo que soporte mucho más. Muerdo su cuello hasta sentir los latidos. Subo y bajo casi automáticamente y no puedo parar, aunque casi me duele seguir, pero estoy tan, y creo que...

― ¿Quiere que lo borremos?

― Sí. Quisiera realizar más estudios antes de afirmarlo. Aún no hemos tenido suerte con este modelo animal, en especial con las hembras. Acaban atacando a los machos, algunas incluso los matan y se los comen.

― No queremos que eso ocurra con el producto, claro. Bueno, lo consulto con los abogados y lo corregimos hoy mismo. Esta noche puedo pasar por su casa y dejárselo.

― Se lo agradezco.

― No es nada. Bueno, creo que eso es todo por ahora.

― Así parece.

― Como siempre, un placer verla.

― Igualmente. Lo espero para cenar entonces.

― Perfecto. Nos vemos luego.

― Sí, por supuesto, nos vamos luego.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Delicioso. Cuando el recurso del contrapunto entre las 2 situaciones parece gastarse, revive hasta el final. De hecho, y asumo que es un efecto buscado, todo el texto es como un acto de cópula, empieza prometiendo, va subiendo de tono, llega al clímax y cierra con una caricia, un guiño de ojos. Bien primaveral y cachondo, con las emociones a flor de piel.

El hombre de Alabama dijo...

Desde luego, como ha dicho, un placer.

Anónimo dijo...

Como si dos cuentos en uno.

Mas saludos por aca.
RChS